Periódico de "EL PAÍS"
La semana pasada falleció en Chile Daniel Zamudio, un joven de 24 años que fue atacado por un grupo de cuatro neonazis.
La golpiza consistió en quemaduras de cigarrillos, torcerle el pie
hasta quebrárselo, cercenarle parte de una oreja e inclusive intentar
marcarle un símbolo de esvástica con vidrios rotos. Lo curioso, es que
durante el año pasado en nuestro país fue tramitada en el Congreso una
ley llamada “anti-discriminación” que planeaba aumentar las penas contra
aquellos que cometiesen crímenes de odio; y que, por ende, fuesen
motivados por discriminación. Entre los artículos de dicho proyecto se
encontraba como causante de delito el atacar a una persona homosexual.
Dicha ley fue rechazada por los sectores más conservadores, por eso
ahora los agresores de Daniel no podrán ser acusados de cometer un
crimen de odio, y sus condenas serán considerablemente menores.
El debate por la mencionada ley volvió al tope de la discusión. Los
motivos de los sectores conservadores parecen no salir de lo religioso,
que aunque sea respetable, no se aplica a una sociedad moderna que desea
resguardar los derechos de los ciudadanos que constantemente son
discriminados por su condición sexual, raza o religión. Durante la noche
siguiente a la muerte de Daniel, fueron miles de personas, homosexuales
y heterosexuales, solteros y familias completas las que se acercaron al
hospital donde falleció a prender una vela por él; pero lo mas emotivo,
fue escuchar a su madre señalando con énfasis la idea de que la llamada
“ley anti-discriminación” sea redenominada como “ley Daniel Zamudio”.— Carlos Eduardo Fernández Villablanca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario